Luis Luna León jueves, febrero 12, 2026 0 comments . luis alberto luna leon @luislunaleon luis luna león La ironía de destruir el pavimento. Home » . luis alberto luna leon » @luislunaleon » luis luna león » La ironía de destruir el pavimento. Con una mirada dura y desesperada. Así se veía una mujer hablando con un hombre. No era su hijo, no era su hermano, y mucho menos era su conocido. El le llamaba “amor”. Ella de “déspota” no lo bajaba. Y no es suposición. Ni es grosería mía. Era la palabra que ella usó. “Déspota”- Sigues siendo el mismo. Te lo he dicho mil veces. Eres ofensivo. Eres egoísta. Me gritas. Llevamos 10 años juntos y sigues pateando mi dignidad con tu trato. Ya no te soporto. Yo me encontraba ahí, sentado, tomando un café caliente y resguardándome del fuerte frío que hay en la calle; en una cafetería ubicada en la esquina del eje ocho y la calle de Plutarco en la Ciudad de México. Ahí estuve escuchando a una pareja de personas que estaban sentados en una mesa aledaña. No fue chisme. Ellos hablaban muy fuerte. Me dio lástima la escena. Pero mi apoyo estaba con ella. Tantos años soportando la grosería de alguien que le dice amar.Y me puse a reflexionar el porqué la gente no cambia.Para algunos, cambiar es muy simple. Pero hay otra gente que no cambia. La “de carácter”, “la que no se deja”, la que ve al otro por encima del hombro. La que dice “yo así soy”. Como aquellos árboles que tienen raíces que, con su fuerza, destruyen el pavimento y el alcorque que contiene la tierra y el fertilizante que le da vida. Qué ironía. Y yo creo que la gente no cambia no porque no pueda. No cambia porque no quiere. Siente orgullo de presumir su carácter. No cambia porque no le da la gana cambiar. Porque no están dispuestas a pagar el precio emocional.Todos quieren resultados distintos y siguen haciendo lo mismo. Quieren calma y se pasan todo el día tronando a golpes los botones del control. Quieren paz y avientan sus molotov.Se engañan. Se mienten. A todos les dicen que ya reconocen sus errores. Que han leído. Que se arrepienten. Que ya siguen cuentas de instagram de psicólogos reconocidos. De terapeutas. Desde argentinos, pasando por conferencistas inquebrantables, hasta los que usan sus frases matonas. Engañan diciendo que están trabajando en sus demonios, en sus errores. Y avientan, como cartas de baraja española, sus supuestas verdades a todos los que le rodean de “auto reconocimiento”, cartas en donde aceptan sus errores. Pero al primer pretexto siguen gritando. Siguen lastimando. Siguen actuando igual. Cambiar no es sólo verte. Cambiar es desprenderse del miembro gangrenado. Es amputar lo que tiene pus. Que fácil sería checar nuestro carácter como cuando abrimos un bote de leche cortada y nos repugna su aroma a podrido. Pero no es así. Cambiar es serrucharse lo que ya tiene gusanos, lo que ya no sirve. Pero nadie quiere ver su propia sangre correr. Resulta más fácil ver la sangre de la que dicen amar. Ese es el precio emocional. Se debe morir para poder nacer. Dar vida a una persona nueva. Pero nadie se atreve a hacerlo. Sigmund Freud decía que debemos de voltear a ver nuestro ayer, reconocer nuestro pasado (específicamente los conflictos reprimidos de la infancia) para poder superarlos. El psicoanálisis de Freud dice que los neuróticos no recuerdan sus conflictos pasados, sino que los "actúan" o "repiten" en el presente sin darse cuenta de ello. Esto es lo que debemos de hacer para poder cambiar. Y me refiero a convertir esa repetición inconsciente en un recuerdo consciente para poder "amputarlo" (trabajar sobre él) y superarlo. Abrir los ojos y reconocernos, pues. Pero nadie lo hace porque en el ayer están los que nos construyeron. Los que nos dieron vida. Y cambiar todo eso, significaría darle la espalda a nuestro ayer. Por eso prefieren escupirle la culpa al otro o a la otra. Por ello, ya dejemos de evitarnos. Dejemos de ignorarnos. Porque el tiempo pasa sin avisar. Y aunque el tinte sea cada vez más usado, las canas asoman en nuestro cabello y seguimos siendo los mismos. Con las mismas fórmulas de vida. Con las mismas frases y hasta con las mismas actitudes. Victimizándonos cuando nos dicen nuestros errores, pero siendo implacables cuando de ofender se trata. Ojalá nuestro pasado nos destruyera solo a nosotros mismos. Como si nos arrancamos una costra de la cara con nuestras manos y que sea nuestra sangre emocional la que corriera por nuestra mejilla.Pero no. El tiempo pasa y seguimos lastimando a los que nos rodean. Y no nos percatamos que si verdaderamente quisiéramos cambiar, dejaríamos de lastimarnos y dejaríamos de lastimar a todos los que decimos amar. Y lo debemos de hacer por nosotros mismos. Porque cambiar es crecer. Cuando nos decidamos hacer un alto para analizar aquello que ya caducó y arrancarlo de raíz, en automático, nuestro mundo cambiará. Pero el reto de cambiar es muy grande. Muestra de ello es que, al acabar de leer este texto, preferimos sentir coraje porque que cada palabra fue una indirecta para quien lo lee, en vez de tomar lo mejor de él para ponerlo en práctica. Share This To : Facebook Twitter Google+ StumbleUpon Digg Delicious LinkedIn Reddit Technorati
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